A LA GLORIA DEL GRAN ARQUITECTO DEL UNIVERSO
Libertad * Igualdad * Fraternidad
S:.F:.U:.
DEL CAOS AL ORDEN CÓSMICO:
LA HUELLA DE DIOS
Todos sabemos que las religiones han tenido siempre un papel
determinante en la evolución de las civilizaciones. Tan fuerte ha sido la
impronta dejada por casi todas ellas durante el transcurso de la historia de la
Humanidad que difícilmente podríamos entender los entresijos de ésta sin
comprender, profundamente, su relación con aquéllas.
Al margen de la aceptación o rechazo que cada cual muestre por las
diferentes doctrinas, impuestas casi siempre mediante el más sutil de los
chantajes (el temor al castigo divino) y en ocasiones por el simple empleo de
la fuerza, yo no dudo de la importancia de la religión como fenómeno socializador
y no reparo en aceptar que, como tal, merece ser reconocido y valorado en su
justa medida.
La Antropología moderna, avalada por los últimos descubrimientos en los
yacimientos de la sierra de Atapuerca, ha establecido que hace 800.000 años los
habitantes de aquellas tierras llevaban a cabo rudimentarios rituales
animistas, con los que pretendían, probablemente, encontrar una explicación
satisfactoria a los misteriosos fenómenos que a diario presenciaban a su
alrededor y que, a menudo, ponían en serio peligro sus vidas. Entonces ya
sabíamos que la Naturaleza estaba gobernada por fuerzas que escapan a nuestro
entendimiento.
La simple e imprevisible meteorología, unas veces benigna y otras
destructiva, sirve perfectamente como botón de muestra para entender la
impotencia de aquella humanidad primitiva al enfrentarse a una naturaleza
indómita y todopoderosa ante la cual como autodefensa, y en ausencia de toda
explicación racional, sólo cabía interponer a otra potencia similar, otro ser
todopoderoso, es decir... a Dios.
Así nacieron deidades elementales y mágicas, cuya existencia sólo
podemos entender en un entorno socio cultural totalmente desprovisto de la
menor capacidad de análisis científico.
Pero, ¿cuál es el lugar de Dios en la actualidad?; en este mundo
rebosante de ciencia y tecnología ¿queda todavía sitio para El?.
Por supuesto, el concepto de Divinidad ha evolucionado, necesariamente,
a lo largo de la historia y hoy en día ya no sólo se utiliza a Dios como
defensa ante las fuerzas desatadas de la naturaleza (aún pueden verse
rogatorias por la lluvia en ciertos lugares) sino que, durante las épocas más
recientes, las teologías han creado un Dios más sofisticado, más trascendental
y le han atribuido, probablemente con acierto, el papel de principio y fin de
todas las cosas.
Así, han sustentado sus doctrinas, en mayor o menor medida, en la idea
de la esencia divina del Hombre y en la necesidad de hacer prevalecer la
condición sobrenatural de éste a costa del desprecio por lo natural,
considerado perecedero, corrupto y origen de todo mal.
De esta forma, los poderes religiosos, sin más argumentos que dogmas de
fe, se han venido enfrentado durante siglos a una ciencia, en ocasiones
demasiado estrecha de miras, que rechaza todo aquello que no se puede medir,
pesar o demostrar y que cierra los ojos a toda cuestión adornada con ribetes de
lo mágico o sobrenatural.
Ante esto, y desde un punto de vista racional, me pregunto si estas
visiones divergentes de lo mismo (entiéndase el origen y destino del Hombre y
del Universo) no son, sino, las dos caras de una misma moneda.
Pero debemos preguntarnos que es lo “sobrenatural” y, acaso, cabría
citar las palabras de T. H. Huxley: “Lo conocido es finito, lo desconocido
infinito; desde el punto de vista intelectual estamos en una pequeña isla en
medio de un océano ilimitable de inexplicabilidad. Nuestra tarea en cada
generación es recuperar algo más de tierra.”
Entonces, para poder afrontar la cuestión con la necesaria amplitud de
miras, necesitaremos apartarnos de las interpretaciones subjetivas, y por tanto
limitadas, que nos imponen tanto los credos religiosos como las corrientes más
ortodoxas de la ciencia oficial.
Así, desde esa atalaya de libertad, nos daremos cuenta de que el
Universo es “sobrenatural” tanto en cuanto el hombre no pueda entender más que
una limitada porción de lo que le rodea; pero dejará de serlo cuando la
Creación pueda ser comprendida en su totalidad.
Desde luego, la existencia de una inteligencia universal y de orden
divino se escapa a nuestra capacidad de entendimiento actual; simplemente, no
podríamos abarcarla. Tal vez, sólo debamos conformarnos con intuir su presencia
pero, aún así, siempre hemos tratado de explicarla para que pueda ser aceptada
por unos o bien rechazada por otros.
Para ciertas tendencias filosófico-científicas, como el empirismo
clásico, por ejemplo, es inexplicable que poseamos la idea de Dios si nunca
hemos tenido experiencia del mismo. ¿Puede probarse la existencia de algo que
no se percibe por los sentidos?. Las preguntas a las cuales se enfrenta el
Hombre son muy complejas y las respuestas que se le ofrecen a través de Dios
sólo pueden ser aceptadas mediante la fe.
Para el determinismo científico, y siguiendo una línea de pensamiento
paralela, todo lo que nos rodea no es fruto más que de la casualidad. No
necesitamos a Dios. El universo del que formamos parte es como es porque no
podría haber sido de otra manera. Y la vida sobre la Tierra no es más que un
accidente, una singularidad maravillosa dentro de un vacío infinito y
sobrecogedor.
Sin embargo, para otras corrientes de pensamiento filosófico-científico,
tal vez no todo haya ocurrido por casualidad y puede que aún quede sitio para
Dios en el Universo.
Hoy en día estamos asistiendo al nacimiento de una nueva disciplina
dentro de la Biología: la Exobiología. Esto es, la búsqueda y estudio de formas
de vida surgidas fuera de la Tierra. Cada vez son más los biólogos que creen,
como sostiene Jacques Monod en su libro El azar y la necesidad, que la vida surge,
necesariamente, allí donde se den las condiciones adecuadas para ello.
La Cosmología de vanguardia, abanderada por Stephen Hawking, admite la
posibilidad de la existencia de múltiples universos, cada uno de los cuales
estaría dotado con sus propias leyes físicas e historias probables; como queda
reflejado en su obra El
Universo en una cáscara de nuez.
Otros pensadores creen que debemos explicar a Dios por la Ciencia y no
sólo mediante dogmas religiosos.
El físico Frank J. Tipler, en su obra El principio antrópico cosmológico, sostiene que si
Dios existe, debe ser posible encontrarlo mediante la ciencia y si la ciencia
no pudiese encontrarlo, simplemente no existiría y, por tanto, la Religión no
tendría ningún sentido.
Dentro de la misma obra, el autor desarrolla la teoría del punto Omega; según la cual, el
Universo está planificado desde su origen y toda la información necesaria para
su evolución ha sido codificada y es procesada por una inteligencia universal
omnipotente, omnipresente y omnisciente que será encontrada, explicada y
entendida al margen de la Mística, tan sólo mediante las leyes de la Física.
Llegados a este punto, tal vez debamos preguntarnos si aún es posible
creer que el universo del que formamos parte indisoluble haya surgido de la
nada en un momento sin tiempo, sólo por azar. Si aún es posible creer que no
exista un Plan perfectamente
diseñado para ir del CAOS reinante en los instantes posteriores al Gran
Estallido, con que dio comienzo el universo, al ORDEN orbital de un sistema
planetario o al complejamente preciso funcionamiento de cualquier forma de
vida.
Yo no creo que sea posible. Creo que para todo ello si se necesita un
plan. Un Plan Cósmico. El Plan del Gran Arquitecto Del Universo.
Pero todo plan necesita al menos cuatro elementos para poder ser
ejecutado:
1. El plazo de comienzo.
2. Un objetivo a cumplir.
3. La información necesaria.
4. El programa que permita su
adecuado desarrollo.
¿Existe un principio del que todo parte?.
Evidentemente si.
¿Existe una finalidad u objetivo para todo lo creado?.
Creo firmemente que la existencia de una inteligencia capaz de formular
preguntas acerca de su naturaleza y de aquello que le rodea es la más rotunda e
irrefutable de las respuestas.
¿Existe la información necesaria para que el proceso de evolución
cósmica haya tenido lugar durante eones?.
Debemos pensar que si, que de lo contrario no estaríamos aquí. Desde
luego esa información no depende de nosotros y, en muchos aspectos está fuera
de nuestro alcance (al menos por el momento). Pero no tenemos que utilizarla
conscientemente (imaginad, por ejemplo, como sería nuestra vida si
necesitásemos acordarnos de respirar o, si para digerir un alimento tuviésemos
que dominar la química necesaria para desarrollar conscientemente tal
proceso...) por fortuna, alguien muy previsor se ocupó de codificarla
debidamente hace tiempo, y nosotros formamos parte del resultado de la correcta
utilización de esa información.
Y por último, ¿existe el programa que permite el adecuado desarrollo del
PLAN
CÓSMICO?.
Puedo asegurar que no existe nada más caótico en el Universo que la
“muerte” de una estrella. Cuando el precario equilibrio mantenido entre la
fuerza nuclear y la fuerza de gravedad, que permite la estabilidad estelar
durante miles de millones de años, llega a su fin, una estrella colapsa sobre
sí misma y, como efecto rebote, explosiona de forma colosal y expulsa al
espacio interestelar ingentes cantidades de materia y energía. Es lo que se
conoce como NOVA.
Pero de este CAOS, de este derroche desordenado de materia y energía
surge, una vez más, el ORDEN; y el resultado... somos nosotros. Nosotros y todo
lo que nos rodea: el oxígeno que respiramos, el hierro que compone nuestra
sangre o el calcio que forma parte de nuestros huesos, todo ello no son más que
cenizas estelares y de ellas estamos hechos, siguiendo un manual de
instrucciones perfectamente definido. Para mí, resulta evidente que un software
muy eficiente se ocupa de gestionar toda la información necesaria para llevar a
cabo el PLAN del Gran arquitecto Del Universo.
Como podéis ver, una y otra vez, el caos y la destrucción dan paso
necesariamente al orden y la creación. Y así será, porque así está previsto,
hasta el final del tiempo y será entonces cuando, quizá, podamos conocer el
verdadero rostro de Dios.
He dicho.