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Sobre las dos columnas erigidas en el pórtico del templo

 

Nos referimos al primer templo de Jerusalén proyectado por el rey David y construido durante el reinado de su hijo Salomón y que fue destruido por el rey de Babilonia Nabucodonosor.

Evidentemente muchas personas intervinieron en su construcción, pero ciñéndonos a las dos columnas del pórtico sabemos que se deben a Hiram.

Según dice el libro primero de Reyes, capítulo VII, versículo 13 y siguientes: “Y envió el rey Salomón, e hizo venir de Tiro a Hiram, hijo de una viuda de la tribu de Neptalí. Su padre que trabajaba en bronce era de Tiro” (1R.7,l3ss).

Por tanto Hiram aprendió de su padre, el cual era de Tiro y por tanto fenicio, el arte de trabajar el bronce; y ante las buenas condiciones económicas ofertadas en nombre del rey Salomón, se trasladó de Tiro a Jerusalén y allí con su arte fundió dos columnas metálicas para el pórtico del templo.

Estas dos columnas no formaban parte de la estructura del templo, puesto que eran autoestables, Queremos decir que su función no era sostener la edificación ni parte de esta, sino independientes y decorativas y que eran típicas de la arquitectura fenicia.

En el primer libro de Reyes, capítulo VII, versículo 21, se dice: “Estas columnas erigió en el pórtico del templo; y cuando hubo alzado la columna del lado derecho, le puso por nombre Jaquin, y alzado la columna del lado izquierdo, llamó su nombre Boaz” (lR. 7,21).

En el segundo libro de Crónicas, en su capítulo 3, versículo 17, se reitera el hecho diciendo: “Y colocó las columnas delante del templo, una a mano derecha, y otra a la izquierda; y a la de mano derecha llamó Jaquin, y a la de la izquierda, Boaz” (2Cron.3, 17).

En conclusión, Hiram, fundió dos hermosas columnas en bronce, ya que era un entendido en este arte aprendido de su padre difunto. Columnas autoestables que fueron colocadas a la derecha y a la izquierda de la entrada del templo y los textos, además de identificarlas con sus nombres, describen sus detalles..

 

En cuanto a los nombres:

-la colocada a la derecha del pórtico se llamó Jaquin

-y la colocada a la izquierda, Boaz.

 

Los nombres nada nos dicen; pues Jaquin es un nombre propio. Rastreando por los libros del Antiguo Testamento encontramos:

 

-a un Jaquin, en el Pentateuco, que era hijo de Simeón, tal como consta en Gen.46,1O, en Ex. 6, 15 y en Núm. 26,12.

-pero también en los libros históricos se habla de otro Jaquin, que era un sacerdote contemporáneo del rey David, tal como se indica en 1R.7,21 y en 2Cron.3, 17.

 

En tanto que la columna del lado izquierdo no se denomina con un nombre propio.

De pasada cabe referirnos al ritual Emulación que denomina a la columna de la izquierda con el nombre propio de Booz y lo identifica con el abuelo del rey David; cuando no hay lugar a duda de que el nombre es Boaz , y Booz no es abuelo sino bisabuelo de David.

Continuando con los nombre de las columnas, se puede pensar, sin lugar a equivocación, que eran conocidas y denominadas con esos nombres, por haber en ambas columnas inscripciones, que en la de la derecha se iniciaba con el nombre propio de Jaquin y en la de la izquierda con la palabra Boaz, pues de lo contrario dichas denominaciones no tienen sentido.

 

Tenemos un ejemplo actual en el edificio de los Juzgados de A Coruña, el cual tiene una planta trazada a compás, a partir de un centro, que coincide con la entrada, concretamente con una columna de mármol, cuyo diseñador quiso simbolizar en ella la lanza del señor feudal que clavada en el suelo indicaba el lugar en donde administraba justicia, haciendo girar todo el edificio en torno a esta columna que también resulta autoestable y en la que figura grabada una inscripción que dice así: “iustitia est constans et perpetua voluntas”, es decir, “justicia es la constante y perpetua voluntad”, y que le llamamos la columna de la Justicia, por la primera palabra de la inscripción. Para más abundamiento la frase esculpida no tiene sentido si el lector no conoce el resto de la definición que Ulpiano da de justicia y no completa mentalmente lo que figura inscrito con “ius suum cuique tribuendi”, es decir, “de atribuir ó dar a cada uno su derecho”.

 

Pues bien, algo así sucede con los referidos términos denominadores de las columnas, que ignoramos el resto de la inscripción que sigue a la primera palabra.

La palabra BOAZ, en hebreo se escribe:

 

La primera letra es la bet, que significa casa, en la numeración hebrea es 2 y equivale a nuestra B

La segunda letra es áyin, que significa ojo, en la numeración hebrea es 70 y equivale a un espíritu fuerte.

Y la tercera letra es záyin. que significa arma, en la numeración hebrea es 7 y equivale a nuestra Z.

La palabra Jaquin, en hebreo se escribe:

 

La primera letra es la yodh, que significa mano, en la numeración hebrea es 10 y equivale mas o menos al sonido de la Y. En consecuencia en lugar de Jaquin se debe leer Yaquin. La razón de que aparezca la J es por que la yodh equivale en la generalidad de las lenguas románicas a la J siempre débil, ya que la J con sonido fuerte, en las lenguas románicas, sólo existe en castellano. Por tanto la lectura correcta en castellano de este nombre propio es con Y, y en gallego se utilizaría la X. La J fuerte cabría en la trascripción si la letra hebrea fuese la jet, que significa seto y vale 8.

La segunda letra es kaf, que significa palma (de la mano), en la numeración hebrea es 20 y equivale a nuestra K. Esa kaf figura transcrita unas veces como Q, otras como K y otras como CH. La razón de este baile de letras es debido a lo siguiente:

La trascripción de la kaf () del alefato al alfabeto es correctamente una kappa ( K). La trascripción del alfabeto al abecedario (concretamente al latín, que de hecho carece de K) se transcribiría por una CH, que tiene sonido de K; pero si se transcribe directamente del alefato al abecedario (latín) suele hacerse por una Q; lo cual no es correcto, pues no se trata de la letra hebrea qof(que significa cuello y vale 100 y propiamente equivale a Q), el caso es que en ese supuesto, al pasar del latín al castellano, se mantenga la Q incorrectamente. Una trascripción directa del alefato al abecedario castellano, que cuenta con K y Q, sería correctamente K. Todo esto nos lleva a ver trascripto este nombre propio en las formas: Jaquin, Jachin y Jakin, siendo esta última la correcta, siempre y cuando la J inicial le demos, por lo dicho anteriormente el sonido de la yodh, es decir, de Y.

 

La tercera letra es una yodh.

 

Y la cuarta letra es una nun final, que significa pez, se transcribe por N y numéricamente en su forma final vale 700.

Y repetimos, que en lenguas que cuentan con J débil, como el francés, el catalán, etc., es correcto que se denomine columna J; pero en castellano, que su J es fuerte, debería denominarse Y, y en gallego lo más correcto sería X. Salvo que se mantengan en las mismas, en lugar de una J y una B, las letras hebreas de yodh () y bet ( ) resolviéndose así las diferencias.

 

Queda pendiente de tocar el tema de las puntuaciones masoréticas y la significación de ambos términos identificadores de las columnas del templo de Salomón fundidas por el tirio Hiram; indicando que las puntuaciones no ofrecen dificultad, pero si en cuanto a las significaciones, que puede ser objeto de otro trabajo.

 

He dicho.