A LA GLORIA DEL GRAN ARQUITECTO DEL UNIVERSO
Libertad * Igualdad * Fraternidad
S:.F:.U:.
V:.M:. y Q:.H:., a cada uno
según su grado y condición:
Todos nosotros, hemos afirmado nuestra creencia en la existencia del G:.A:.D:.U:.
Pues bien, creer en la existencia del G:.A:.D:.U:., significa creer
en la existencia de un Proyecto, de un Plan.
De alguna forma, todos nosotros, somos parte de ese Plan, de ese
Proyecto: como Piedras talladas, formamos parte de ese Templo que, desde tiempos
inmemoriales, venimos construyendo.
Permitidme que recuerde la tan conocida leyenda medieval, según la cual,
un viajero que acertó a pasar por una catedral en construcción, acercándose a
un tajo, donde trabajaban tres canteros, les pregunto:
¿ que hacéis?
El primero le respondió, “ me gano la vida “, el segundo dio la respuesta
obvia y simple de “ labro un bloque de piedra”, mientras que el tercero dijo: “Construyo
una Catedral “.
Los tres canteros realizaban el mismo tipo de trabajo y los tres se ganarían,
seguramente, la vida; pero lo que distinguía al Compañero, era la toma de
conciencia de que “estaba construyendo una Catedral “, de que, aunque
estaba labrando una piedra, era consciente de la existencia de un Plan general
mayor y el formaba parte de el.
Y ¿ Como construiremos...?
La definición de construcción mas simple que he encontrado y, a la vez,
la mas reveladora es “poner piedra sobre piedra”“. En contraposición,
la expresión “ no quedo piedra sobre piedra”“ nos transmite la imagen de la
mayor destrucción y desolación posible.
Desde este punto de vista, la Iniciación significa el principio de
encontrar nuestro lugar en el Gran Proyecto, de encontrar el sitio adecuado
donde labrarse, de quitar a la piedra bruta “lo que le sobra”“, hasta encontrar la
forma que encaje en el lugar adecuado, adaptándonos a las piedras que nos
precedieron y nos soportan en la hilada inferior y agradeciéndoles que
construyeran trabajosamente nuestro lugar. Adaptándonos, también, a las que nos
acompañaran lateralmente y preparando nuestra cara superior para recibir a las
que tendrán que venir sobre nosotros.
Pero, claro esta, estas piedras no pueden colocarse de cualquier manera,
el Arte Real tiene sus reglas para que la construcción sea estable y funcione
para los objetivos que se propone. La Regla, el Compás y la Escuadra son
herramientas para la creación, ya utilizadas, probadas como validas y legadas
por nuestros antecesores.
Para la estabilidad del edificio, es importante que las piedras estén
perfectamente aplomadas, a fin de que la transmisión de esfuerzos, funcione
correctamente, estableciendo esas “líneas de fuerza” que constituyen la
estructura del edificio.
Sabemos que, desde el punto de vista estructural, lo determinante no es
tanto la “capacidad portante” de las piedras o de los
distintos elementos que la componen ( que paradójicamente, generalmente, es más que aceptable) si no de las
uniones, articulaciones, etc.; es decir, del tipo de relaciones que se
establecen entre ellas, puesto que estas determinan la forma en que se
transmiten los esfuerzos, estableciendo esas “líneas de fuerza” que
son las que realmente definen una estructura.
Porque lo importante es la idea que se transmite y no quien la
transmite.
Desde este punto de vista, el peso, la fuerza de la gravedad, el hecho
de que las piedras pesen, no solo no es un inconveniente, si no que constituye
la misma esencia de la Arquitectura.
Si las piedras no pesasen, si no que fueran tan ligeras como en una
atmósfera lunar, por ejemplo, jamás podríamos construir: Sin esa fuerza
irresistible de atracción, de Amor, hacia el corazón de la Tierra, jamás
podríamos construir nuestro Templo.
Los antiguos constructores consideraban que, al extraer una estatua, o
una piedra tallada, de la piedra bruta, según la expresión, “ quitarle a la
piedra lo que le sobra”“; que también podríamos expresar por “llega a ser
el que eres” se creaba un receptáculo capaz
de atraer el reflejo divino hacia la Tierra.
Así, el Plan tiene un objetivo claro e inequívoco: la perfección y
regeneración del ser humano, del hombre. Y, para ello, construye el Templo,
situado en el sitio justo, siendo el Centro de unión, entre el Cielo y la
Tierra, expresando la relación entre el lugar en que se asienta y el cielo que
gira sobre el, captando, conjugando y amplificando ambas energías.
He dicho.
En los valles de A Coruña Abril de
2003